Así, la indiferencia fue apropiándose de cada momento y aunque hoy me duele el alma por cada caricia no entregada, por cada abrazo perdido en el abismo de la desesperanza, escribo estas letras con humilde sinceridad y la ilusión de que tus ojos me vuelvan a mirar y entregarme en tus brazos para no separarnos jamás.
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